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  1. La paradoja

La paradoja

“Así dijo El Eterno: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme,que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice el Eterno”  (Jeremías 9:23-24).

Hasta donde tengo memoria, he creído en Dios y he pensado en Él.  He tenido mis altas y mis bajas, mis momentos de lucidez y mis combates con la duda.  Pero con el tiempo caí en la cuenta de que si iba a tener esperanza alguna de entender a Dios, iba a tener que acostumbrarse a que la verdad fuera expresada en términos contradictorios.  Todos hemos escuchado la antigua patraña: “La Biblia se contradice”.  La verdad es que no; pero hay ocasiones en las que la verdad mira en dirección contraria a lo que pensamos, y generalmente se nos presenta en la forma de una paradoja —una afirmación que es aparentemente contradictoria o que se opone al sentido común, y que sin embargo, es verdadera.

Esto nos cuesta; en parte debido a la forma en la que piensa el hombre moderno.  Las primeras personas en recibir los libros de la Biblia se sentían mucho más a gusto con las paradojas.  La mente occidental tiene que dar una explicación de todo, aun de cosas que no entiende verdaderamente.  La mente oriental se da cuenta de que hay ciertas verdades que desafían la explicación racional y que es mejor aceptarlas tal y como están.

La dificultad también surge del hecho de que una completa comprensión de Dios en términos reales se extiende más allá de lo que la mente humana puede captar.  Esto no quiere decir que Dios es un misterio, sino que la mente tiene limitaciones que no son fáciles de rebasar.  Un científico hizo la observación de que el universo no sólo es más extraño de lo que nos imaginamos, sino que es más extraño de lo que podemos imaginar.  Lo mismo es con Dios.  Esto me lleva a concluir que Jeremías está diciendo que podemos entender a Dios, no en un nivel cósmico, sino en un nivel práctico que la mente humana puede captar.  Jeremías sugiere que hay cosas específicas acerca de Dios que son importantes entender y que éstas son las cosas que son importantes.

Opuesta a la afirmación de Jeremías está esta otra de Salmón:  “Dios hizo todo hermoso en su momento, y puso en la mente humana el sentido del tiempo, aun cuando el hombre no alcanza a comprender la obra que Dios realiza de principio a fin” (Eclesiastés 3:11; Nueva Versión Internacional).

Las diferentes versiones de la Biblia parecen batallar con este versículo, pero está claro que dice que existen límites para nuestro entendimiento.  La palabra hebrea Owlam, vertida aquí como “eternidad”, proviene de una raíz antigua que significa “ocultarlo de la vista por medio de un velo”.  Es el punto en el que las cosas desaparecen, el lugar en el que dos líneas paralelas parecen unirse en la distancia, el punto en el que algo desaparece de la vista.  Podemos volver la mirada atrás y aceptar que Dios siempre ha existido.  Pero no podemos imaginarnos cómo eso puede ser posible.  Es irresistible pensar en ello, ya que Dios lo ha puesto en nuestras mentes.  Pero lo ha hecho de tal manera que nos quedamos sin poder captar la idea de principio a fin —sin duda porque no existe principio y porque no hay fin.

Hubo una época en la que pensé que si tan sólo estudiaba la Biblia lo suficientemente y con el suficiente cuidado, podría responder a todas las preguntas importantes y que podría presentar esas respuestas de tal manera que cualquiera podría entender.  Era una idea insensata y me alegra haberme deshecho de ella.  Me ha liberado para poder hablar de Dios en los términos en los que él crea conveniente revelarse a sí mismo.  Y si algo de esa revelación parece paradójico, que así sea.

Esto no significa que no podamos conocer o entender a Dios.  Nada de eso.  Lo que significa es que lo podemos conocer y entender únicamente con sus condiciones, y no con las nuestras.  Y si Dios aparenta ser paradójico, bien haríamos en mantener una mente abierta y aceptarlo así.  Puede ser que la paradoja únicamente exista en nuestra propia mente.

Este libro no es un esfuerzo por llegar a una teoría unificada acerca de Dios, como tampoco es un esfuerzo por presentar argumentos a favor de éste o aquel dogma.  Es una conversación acerca de Dios.  Es probable que yo vaya a contestar algunas preguntas acerca de Dios que le han turbado.  Es un hecho que voy a presentar nuevas interrogantes que tomarán el lugar de las primeras.  Mi objetivo es compartir la travesía hacia el entendimiento, caminar al lado suyo y conversar sobre Dios.  Y quizás, si nos atrevemos a pensar así, encontrar una amistad con Dios.

Una nota sobre las citas bíblicas:  Salvo indicación contraria las citas son de la versión Reina-Valera 1960.


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